domingo, 31 de octubre de 2021

 


Revivirán tus muertos, 

mis cadáveres se levantarán;

despertad y cantad los que yacéis en el polvo,

porque rocío de luces es tu rocío,

y la tierra parirá sombras.

(Isaías 26:19)


Una noche más, la fantasmagórica luz de la luna llena acaricia las tumbas del viejo cementerio, infundiendo una débil energía a las osamentas de los muertos, que se revuelven inquietos dentro de sus sepulcros.
¿Puede la vida renacer de sus cenizas? ¿Puede la vida arrancarle una de sus atesoradas posesiones a la cruel y amarga muerte?
El ulular de un búho se escucha en la lejanía, mientras el reinado de las sombras avanza lentamente.
Un ligero viento sopla en dirección al norte, transmitiendo oscuras historias de ultratumba. El eco de un grito ahogado resuena entre los ángeles de piedra que custodian las alma incorruptas del camposanto.

El cuerpo de una discípula de Belcebú comienza a agitarse den el interior de su ataúd. La respiración entrecortada envuelve su pecho de alabastro. Sus ojos muertos, vuelven a la vida otra vez. Otra noche más.
Necesita alimentarse de nuevo. El demonio que mora en su cuerpo así se lo exige. De nada servirán postreros arrepentimientos, que la luz del nuevo día sepultará bajo la fría losa de mármol gris.
El negro negro aletear de un cuervo, que como siempre busca insectos en la noche, servirá como señal para dar inicio a los pasos cansados de la no-muerta. Que escapará nuevamente de la que será su última morada.
La siniestra sombra de un pequeño murciélago, se sobrepone y contrasta por un momento con el brillante refulgir de la luna llena.

"De nada sirve lamentarse", piensa Emma. Que siente que su necesidad insaciable de sangre está más allá de su maltrecha voluntad, que en otro tiempo se mostró férrea.

Con pasos aún titubeantes, escapa del encierro perpetuo de su panteón. 
Con sus pequeños pies desnudos, pisa las hojas caducas de los árboles y los pétalos de las flores marchitas arrastrada por el viento que jalonan su camino entre entre las tumbas.
Hace más de una semana que no se alimenta, y ya no puede esperar más. El demonio del averno que cohabita en su cuerpo le exige una muerte más. Otro crimen más.
Acompañada por las siniestras y sinuosas sombras de la noche. Observada por las aves de pres que pueblan la oscuridad, atraviesa la chirriante y semi oxidada puerta del cementerio de Highgate, sin rumbo fijo. Confiada en su instinto infernal de vampira. Todavía no es muy tarde. Aún faltan casi dos horas para que llegue la medianoche; pero ya la mayoría de la gente está de vuelta en sus casas. Tras un arduo e intenso día de trabajo.

Aún no sabe exactamente cómo había podido suceder. La que en vida había sido Emma Wattles, después de consumar su venganza, había confiado en descansar para siempre en la eterna tranquilidad de su ataúd.
Pero no había sido así.
Algo había fallado. Los demonios no la dejaban ya reposar en paz. Belcebú, aquel diablo traicionero, nunca dejaba escapar una presa. Un alma atormentada como la suya en su competición eterna contra Dios y su corte de ángeles celestiales.

Emma, todavía no era plenamente consciente de que cuando se alimentó por primera vez de la sangre caliente de su víctima, selló su destino.
Ahora, muy a su pesar, estaba condenada. Ahora pertenecía a Satanás y a su monstruosa estirpe. Era una hija de las tinieblas eternas. De la muerte sin nombre. De una vida que no era tal; sino una absurda y tenebrosa caricatura de la vida real.

(Autor: Francisco R. Delgado. Fragmento de mi novela titulada PASOS Y SOMBRAS EN LA NOCHE. Está disponible en Amazon).








lunes, 18 de enero de 2021






Manual para nuevos escritores








Con el transcurso de los años, he publicado nueve novelas de misterio, dos libros de relatos, y un poemario épico. Durante este tiempo, muchos escritores noveles me han preguntado cómo se escribe una novela y cómo conseguir publicarla después.


Para dar respuestas a estas y otras preguntas, escribí mi "MANUAL PARA NUEVOS ESCRITORES", que confío que os pueda ser de mucha utilidad a los aficionados a la escritura que aún no habéis publicado ningún libro, o tan sólo uno o dos. Espero que tengáis mucha suerte. Hasta siempre. 





 

viernes, 13 de noviembre de 2020

ESPACIO INFINITO




ESPACIO INFINITO


La nave de exploración número trescientos veintinueve, que había sido bautizada como Infinite Space surcaba los cielos alejándose cada vez más de la tierra.

La nueva nave exploradora era la más moderna entre las que se habían construido en el siglo XXIV. También era la más grande y veloz. Tenía capacidad suficiente para albergar a más de dos mil personas, e iba cargada para abastecerlos de provisiones durante muchísimos años.

Esta nave tripulada había sido diseñada por la empresa estadounidense Space agency associates con la intención de que fuera la primera que pudiera salir de nuestra galaxia para encontrar un nuevo planeta parecido a la Tierra. A pesar de que en el año 2382 ya había una numerosa y activa colonia humana en la Luna y otra en Marte, la Tierra se encontraba superpoblada, pues su población total ya superaba los doce mil millones de habitantes.

La nave tenía un destino de llegada previsto a un planeta al que bautizarían como Tierra II; aunque ésta se hallaba muy lejana y tardarían en llegar alrededor de ciento ochenta años. Para que todos sus ocupantes sobrevivieran a tan largo viaje en el espacio y el tiempo se utilizarían una larga serie de cápsulas de hibernación.

Un reducido grupo de vigilantes, tripulantes de la nave y de pasajeros permanecerían voluntariamente activos durante cinco años, en ciclos de veinte. Es decir, que el número total de ocupantes había sido dividido en cuatro grupos compuestos de quinientos individuos, los cuales vivirían con normalidad durante cinco años, luego se introducirían en sus respectivas cámaras de hibernación mientras eran sustituidos por otro grupo, y permanecerían en estado de letargo durante quince años; hasta que comenzase el nuevo ciclo. Antes de que la gran nave despegase, los científicos habían advertido de que no sería aconsejable por razones de salud corporal y mental que permanecieran en estado de hibernación continuado durante los casi dos siglos que duraría el viaje.

Todo parecía funcionar bien en la gran nave, que era como una ciudad de reducido tamaño. Los pasajeros podían pasar esos cinco años realizando todo tipo de actividades. Podían ir al gimnasio, visionar todo género de películas en la sala de cine, leer en la bien surtida biblioteca, bailar en la pista circular de la discoteca o visitar la sala de juegos en la podían jugar al ajedrez, a las damas, a juegos de cartas, al billar y al ping-pong.

Todo parecían funcionar con normalidad hasta que un día el capitán de la nave, uno de los cuatro que había, ya que los otros tres se encontraban en estado de hibernación, sumergidos en un denso letargo dentro de sus respectivas cámaras de criogenización; apareció muerto en el interior de su habitación.

El teniente se hizo inmediatamente cargo del mando, y ordenó al equipo médico que le practicase la correspondiente autopsia. Unas horas más tarde le entregaron el informe: el capitán había sido asesinado. Todo indicaba que alguien le habían inoculado una inyección letal en el cuello, cuyo contenido había paralizado definitivamente sus funciones vitales. 

Un encendido debate se abrió entonces entre la tripulación, que se encontraba reunida en la sala de mandos. 

-¿Qué vamos a hacer ahora, teniente? ¿Tal vez despertar de su letargo a otro de los capitanes?

-No lo he decidido todavía, Petersen. Quizás no sea necesario.

-¿Las cámaras han detectado quién entró hace dos noches en el camarote del capitán? -le preguntó John Rogers, el primer oficial.

-No, habían sido temporalmente inutilizadas.

-¿Se sospecha de quién es la persona que pudo haberlo asesinado? -le preguntó Bill Morton, el segundo oficial.

-No, de momento no tenemos ni idea. Hoy me reuniré con los vigilantes para intentar recabar información. 

Poco después la inquieta tripulación volvió a sus tareas rutinarias. El espacio que debían de atravesar a una altísima velocidad aparecía de momento despejado de posibles asteroides.

(Autor: Francisco R. Delgado. Fragmento de mi novela de ciencia-ficción titulada "ESPACIO INFINITO". Está disponible en Amazon tanto en formato digital como en papel impreso).











viernes, 19 de junio de 2020






EMMA WATTLES, THE VAMPIRE


On that cold winter night at Highgate Cemetery in north London, the corpse of a woman inside a grave inside a family maussoleum seemed to como back to life. The grey marble lid covering the coffin inside the burial pavilion, in a tomb at half height on a ledge on thewall, moved a few centimeters, hetween the sullen and sepulchral surrounding silence. A sharp hand, with long, fine fingers, peeked out for a moment. The he continued to push the heavy stone slab, which he squeaked a little, to make room for the rest of the dead body.

The deceased young woman, suddenly returning to life, slowly sat down for few seconds on what would be her last abode. His lifeless eyes, in which the iris and pupils were not seen, of a terrifying milky white, as from another world, seemed to look in all directions, slowly, without any haste, as to make sure and recognize the place where he was.

A slight clarity, arising from a gigantic, ghostly full moon, filtered through the lattice door, whose bars were half-oxidized by moisture and over the years guarded the skulls of deceased relatives. Long forgotten inside the funeral pantheon. The dead woman sketched a sardonic, macabre smile, and then slowly came out of her grave.

The one in life had been a young woman with beautiful features of long black hair and shiny like the wing of a crow, had been gagged with a long white winter nighgown of soft cloth curdied with small and artistic bown and toe ornaments.

He laid his little, bare Ivorian feet, and still delicate, on the cold grayish marble floor that covered the interior of the mausoleum. Then he took a few short, insecure, flatering steps like a baby's when he learns to walk, to the lattice door of half-rusty iron through whose oores the faint rays of light of the full moon filtered, iluminating that night scene.

The door rusted by moisture and carelessness squaked and creaked slightly as it moved over its filthy goznes, allowing the passage of the spectral figure. The deceased young woman stepped on the dried, withered leaves scattered here and there by the fury of the wind that mercilessly whipped the trees and crosses of the fields. The dead woman walked along the narrow dirt road that connected the burial pavilion with other places in the dreary cemetery.

The spectral and ghostly figures of several deceased seemed to insinuate themselves, peeking out of the graves of their eternal rest, enviously watching the return to the life of that young and beautiful uncorrupted body. The woman, oblivious to everything, continued to walk with gentle steps, but already more agile and determined by the narrow path that meandered between the tombs that would lead her to the exit of the dark cemetery.

The stone angels who crowned some of the mortuary tombstones of immaculate white marble gazed at her in her wake. Some with a concerned gesture and some with the complicity they showed in their beautiful smiling faces.

(Author: Francisco R. Delgado)




















jueves, 16 de enero de 2020








EMMA WATTLES, LA VAMPIRA






Eran las diez y cuarto de un martes por la noche. La mayoría de las personas se hallaban en su casa descansando tras una ardua jornada laboral.

Emma Wattles, la vampira, caminaba tranquilamente por las calles semidesiertas y silenciosas de Londres. A primeros de febrero hacía bastante frío, además de una considerable humedad. En aquel preciso momento un ligero y gélido viento se había levantado, azotando sin piedad a los escasos viandantes que se dirigían corriendo a sus casas.

Emma iba ajena a todo lo que no fueran sus inquietantes y lúgubres pensamientos. En su incierto y errabundo caminar pasó casualmente por delante de un pequeño establecimiento situado en una planta baja, que extrañamente todavía se hallaba con la luz encendida.

La no-muerta levantó un momento la vista y leyó el discreto cartel publicitario que había sobre la puerta, en el que aparecía rotulado con gruesos trazos negros:


MADAME AURORE DUPONT

Vidente, tarotista, magia blanca


Wattles, dudó unos instantes; pero luego, curiosa como siempre había sido, paró en seco su lento y cansino avance y tocó el timbre que se hallaba a la derecha y a media altura, de la puerta de entrada del extraño local.

Apenas un minuto más tarde, abrió la puerta una mujer menuda y de mediana edad. Mediría poco más de un metro y medio, y su figura era más bien obesa. Lucía su cabello muy negro y ligeramente rizado, cortado en una media melena. Su edad rondaría los cincuenta años.

La dueña del exótico negocio miró fijamente a Emma con sus grandes ojos verdes y le preguntó:

-¿Tiene usted cita?

-No señora, yo pasaba casualmente por aquí y...

-Bien, no pasa nada. Acaba de marcharse la última visita que esperaba para hoy. Si desea hacerme una consulta, puede pasar.

-Gracias, es usted muy amable.

-No hay de qué. Es mi vocación y mi trabajo. Espero poder serle de utilidad.

-Seguro que sí -le respondió la vampira con una leve sonrisa.

A continuación, la vidente le franqueó el paso y Emma pasó al interior del establecimiento.

Al fondo de la sala, que era de mediana dimensiones, había una especie de despacho con una amplia mesa sobre la que se encontraba una pequeña lámpara encendida, una transparente y brillante bola de cristal, y varios mazos de cartas de tarot de distinto tipo sobre un tapete rojo.

-Prefiere que le eche las cartas, que le lea las líneas de la mano, o que mire su futuro en la bola de cristal.

-No sé..., bueno, écheme las cartas.

-De acuerdo. Por favor, siéntese.

La menuda mujer barajó con rapidez los naipes de un tarot de Marsella y luego colocó sobre el tapete el grueso mazo de setenta y ocho cartas boca abajo.

-Por favor, señorita, sepárelo en dos montones y elija uno de ellos.

Emma hizo lo que la veterana tarotista le decía y luego la mujer fue colocando once cartas de forma horizontal sobre la mesa. Poco después les dio la vuelta despacio. Se asombró mucho de lo que vio.

La primera carta, que representaba a la consultante, era la carta del diablo. Por lo tanto indicaba que la consultante era la portadora de la muerte, la enfermedad y la miseria. El diablo era con el que se pactaba el éxito material. El que llenaba de egoísmo el corazón humano. El que nos hace esclavo de los instintos.

Posteriormente, en la carta que estaba situada justo en el centro, aparecía la muerte, luego la del loco, y las cartas que quedaban eran las peores entre las de espadas y bastos. Era una tirada nefasta.

La vidente dudó unos instantes. Luego se negó en su interior a interpretarlas ante la joven y bella mujer que la contemplaba con suma atención.

-He barajado mal. Esta tirada no sirve.

La vidente volvió a barajar las cartas una y otra vez hasta que estuvo segura de que ya estaban bien mezcladas. A continuación volvieron a repetir la operación, y la no-muerta dividió el grueso mazo en dos mitades casi idénticas.

Aurore Dupont volvió a colocar once cartas horizontalmente sobre el tapete rojo, y después, lentamente, les fue dando la vuelta. El resultado fue casi el mismo que el anterior. Tan sólo había un par de cartas al final que variaban. Lo demás era todo igual y estaba situado en el mismo orden.

Madame Dupont no sabía cómo interpretar aquel suceso. Nunca, en los más de veinte años que llevaba ejerciendo aquel extraño oficio le había ocurrido algo así. Ni tan siquiera parecido.

Pero las cartas eran testarudas y no podían mentir. Le aseguraban que estaba ante el diablo o un engendro del diablo. Ante una especie de diablesa. Aquella esbelta joven traía consigo, daba igual al lugar que fuera, la muerte. Un escalofrío le recorrió de improviso por todo el cuerpo, haciéndola temblar ligeramente.

-¿Y bien? -le preguntó Emma comenzando a impacientarse.

La asustada tarotista no sabía qué contestarle.

-Humm... no sé. Debo estar perdiendo facultades.

-¿Y eso por qué? -le preguntó intrigada.

-Bueno, no sé cómo explicarlo. En primer lugar aparece el arcano del diablo, y... -Aurore se interrumpió y miró fijamente a la bella joven que estaba frente a ella.

La vampira esbozó entonces una burlona y maligna sonrisa, y después se alzó lentamente de su silla. A continuación, y sin dejar de mirar fijamente a los asustados ojos de la vidente le dijo simplemente.

-Ven.

-La mujer de mediana edad, que se había quedado totalmente atrapada en la hipnótica mirada de su lúgubre visitante, se levantó despacio de su butaca, rodeó la pequeña mesa y se colocó frente a ella, como si fuera un ratón fatalmente fascinado por los ojos de una peligrosa serpiente.

Emma Wattles, sin dejar de mirarla fijamente a los ojos, amplió su siniestra y maléfica sonrisa y se inclinó un poco hacia ella.

Un segundo después, sus largos y afilados colmillos se clavaron en el blanco cuello de su infortunada víctima. La vampira succionó con creciente deleite la sangre caliente que manaba de la profunda herida que le había hecho en la yugular.


(Autor: Francisco R. Delgado. Este texto es un fragmento perteneciente a mi cuarta novela titulada "LA MUERTE ACECHA ENTRE LAS SOMBRAS"). 






sábado, 9 de noviembre de 2019

LA COMETA





LA COMETA


El sábado por la mañana Scotty se presentó en la casa de Jennifer con una cometa de papel de llamativos y alegres colores.

-¡Hola, Jenny! ¡Mira lo que he hecho! -le dijo mostrándole muy orgulloso su cometa multicolor, en la que predominaban el color naranja y el azul celeste.

-¡Oh, una cometa! ¡Es preciosa! ¿La has hecho tú sólo? ¿Cómo la has hecho? -le preguntó muy alterada. Con los ojos brillantes ante la vista de la preciosa cometa.

-Bueno... mi padre me ayudó un poco, -le confesó Scotty -aunque yo hice casi todo el trabajo. Lo primero que hice fue ir hasta el cañaveral que hay cerca de la playa y allí recogí algunas cañas. Luego, compré un bote de pegamento y papel de colores en la papelería... -Jennifer le interrumpió, sonriente.

-Tal vez, más adelante, puedas ayudarme a hacer una, ¿vamos a ver cómo vuela? -le dijo con voz cantarina.

Los dos niños salieron corriendo de la casa de Jennifer y se dirigieron a la casa de los vecinos de al lado.

Jenny pulsó el timbre. Poco después abrió la puerta su vecino, Ben Madigan.

-Buenos días, señor Madigan, ¿está Gertrude?

-No, amiguitos. No está. Lo siento.

-¿Tardará mucho en venir? Hace ya dos días que no la veo.

Después de un corto silencio, Ben le contestó:

-¡Oh, bueno! Gertrude no está. Se marchó a Londres hace unos días. Fue a visitar a su madre al hospital, que está muy enferma. Tardará algún tiempo en volver. Vendrá cuando su madre mejore...

-¡Oh, vaya! Queríamos enseñarle cómo vuela esta cometa que he hecho -le dijo Scotty.

-Sin lugar a dudas, es una cometa preciosa. -Le replicó Ben sonriendo. - Bueno, otra vez será.

Los dos niños se despidieron de Madigan y echaron a correr alegremente en dirección a la casa de Chrissie Tucker, que vivía algunas manzanas más allá. A pesar de que todavía era invierno, no hacía demasiado frío. Un tímido sol había aparecido entre las pequeñas y algodonosas nubes blancas, y un ligero viento se había levantado. Era una mañana de sábado ideal para volar una cometa.

(Autor: Francisco R. Delgado. Fragmento de mi novela titulada "LA MUERTE ACECHA ENTRE LAS SOMBRAS).




domingo, 2 de septiembre de 2018

UN PASEO POR LOS ALREDEDORES






UN PASEO POR LOS ALREDEDORES




   Entre las siete y las nueve de la mañana se solía servir el desayuno en el Motel Paradise. Para los huéspedes que estaban alojados allí este servicio entraba dentro del precio de la habitación; no así los servicios de comida, cena y las consumiciones del minibar, que se facturaban aparte.

   Josh coincidió casualmente en el comedor a la hora del desayuno con Sylvia Logan. Como el comedor estaba desierto a excepción de ambos huéspedes, Joshua Halden al entrar en el comedor se acercó a la mesa que ocupaba la bella joven y le preguntó:

   -¿Puedo sentarme, señorita? Me gusta estar acompañado -le dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

   -¡Oh, sí, claro! Puede sentarse. a mi tampoco me gusta estar sola.

   El joven se sentó enfrente y poco después llegó el camarero para tomar nota de lo que deseaban para el desayuno.

   -Buenos días, ¿qué desean para desayunar?

   -Pues yo quiero un croissant, un café con leche y un zumo de naranja -le contestó ella.

   -Desayuno continental..., bien, yo tomaré lo mismo que la señorita -le dijo al sonriente y servicial camarero.

   -Muy bien, señores, enseguida se lo traigo.

   -¿Sabe usted que tiene cierto parecido con la cantante americana Kate Perry?

   -Sí, bueno, me han dicho que le doy un aire -Le contestó la joven con una sonrisa en la que mostró una dentadura perfecta, con dientes muy blancos y bien distribuidos.

   -Usted también me recuerda a alguien conocido, pero ahora mismo no recuerdo a quién.

   -Puedes tutearme, me llamo Josh.

   -Encantada, me llamo Sylvia -le dijo ella al mismo tiempo que extendía su mano derecha por encima de la mesa. Josh se la estrechó al momento con suavidad, pero con firmeza. El joven notó que tenía las manos muy suaves y bien cuidadas.

   -¿Y a qué te dedicas, Josh? Si no es indiscreción por mi parte...

   -Soy escritor -le contestó él de forma muy escueta.

   -¡Ah, qué interesante! ¿Poeta tal vez?

   -No, escribo novelas de misterio.

   -Humm... de misterio.

   -¿No le gustan?

   -No es eso, es que me suelen inquietar bastante, y siempre que he leído alguna después he tenido pesadillas. Yo soy más de novelas de amor, históricas y comedias románticas.

   -Ya, comprendo. Me parece muy bien, ¿y qué te trae por estos lares, Sylvia?

   En ese preciso momento llegó el camarero portando una bandeja con el desayuno de ambos.

   -Que les aproveche -les dijo en tono jovial poco antes de marcharse con la bandeja vacía después de dejarles sobre la mesa lo que habían pedido.

   -¡Gracias! -contestaron al unísono. Luego reanudaron su conversación.

   -Pues tengo que ver una casa sobre las doce y media. Tal vez me quede a vivir por aquí.

   -¡Ah, muy bien! Aunque aún es muy temprano, apenas son las ocho y veinte -dijo Josh mirando su reloj de pulsera, y después añadió: -¿Qué tienes pensando hacer hasta entonces?

   -Pues nada en particular.

   -Si te apetece después de desayunar podemos dar un paseo por los alrededores. Observé aql llegar aquí que detrás del motel se extiende un hermoso bosque.

   -Buena idea, me parece estupendo. Caminar es un ejercicio ligero y muy saludable.

   -Desde luego que sí, y a veces puede ser también muy placentero -le dijo él sonriendo de nuevo.

   Cuando terminaron de tomarse el desayuno, ambos se levantaron de la mesa dispuesto a estirar las piernas y dar un largo y apacible paseo. El tiempo acompañaba, pues un tibio sol apareció entre las blancas nubes y no hacía demasiado frío, aunque aún faltaba más de una semana para que comenzase la primavera. Pronto encontraron el pequeño cementerio. Johs, curioso como era, se internó entre las tumbas acompañado de su nueva amiga, que no cesaba de hablar de los últimos acontecimientos de su vida.

   -Mira, Sylvia, haí hay una mancha de sangre seca -le dijo señalándole una mancha oscura cercana a una tumba.

   -¿Sangre seca? Tienes demasiada imaginación. Debe ser alguna otra cosa.

   -... Y también hay huellas de pisadas recientes y dos pequeños surcos, como si alguien hubiera arrastrado a otra persona cogiéndola por la parte de arriba -le contestó él ignorando deliberadamente los escépticos comentarios que ella le había dirigido anteriormente. 

   -Me estás asustando, menos mal que hace un día soleado que no invita al misterio.

   Josh siguió las huellas que llegaban hasta la entrada del pequeño mausoleo familiar.

   En aquel pequeño cementerio hacía más de cincuenta años que no se enterraba a nadie. Ahora, cuando alguien que vivía por los alrededores fallecía lo enterraban en el cementerio de la cercana población de Alton. Por ese motivo era hasta cierto comprensible que se encontrara bastante sucio y descuidado. Las hojas caducas de los árboles cercanos, arrastradas por el viento, se amontonaban en algunos lugares más que en otros.

  La puerta metálica estaba entreabierta y el joven escritor la abrió sin dudarlo. En el interior de la pequeña edificación funeraria encontró el cuerpo inerte del comercial de vinos y licores.

   -¡Oh, Dios mío, está muerto! -exclamó la bella joven echándose las manos a la cara, como si instintivamente quisiera taparse los ojos para no contemplar al hombre asesinado hacía pocas horas, en la madrugada de ese mismo día. Josh observó con atención la gran mancha de sangre que tenía el cadáver en el lado izquierdo del pecho, pero no pudo encontrar rastro alguno del arma homicida.

   -Debemos de aviar a la policía -respondió lacónicamente.

   Salieron del panteón sin tocar nada para no contaminar la escena del crimen y casi se dieron de bruces con un joven de cabello muy corto, algo rizado y color cobrizo que estaba en la puerta.

   -¡Qué susto me ha dado, por Dios! -esclamó Sylvia muy alterada.

   -Perdonen, no pretendía asustarlos. Había salido de mi habitación para que mediera un poco el aire, casualmente escuché unas voces que provenían de este lugar, y me acerqué.

   -Bien, señor...

   -Fisher, Larry Fisher -le contestó el pelirrojo extendiendo su mano derecha. Johs estrechó su mano con firmeza y al mismo tiempo le dijo:

   -Lo comprendemos. Se ha cometido un crimen. Hay un hombre muerto tendido en el suelo del panteón. Parece que al asesino no se le ocurrió que a alguien se le courriera mirar dentro de esta construcción funeraria.

   -Sí, seguramente, eso debió ser.

   -Bueno, vamos a llamar a la policía... -le dijo el escritor.

   -No es necesario, amigos -le contestó el joven mostrando su placa dentro de su cartera abierta. -Soy agente de Scotland Yard y estoy de incógnito. Creemos que no es el primer crimen que se comete aquí; aunque espero que sea el último. Mañana o pasado mañana, vendrá mi jefe inmediato, el subinspector Joseph Grammer, hasta entonces les ruego que mantengas todo esto en secreto. Yo le voy a llamar para informarle enseguida.

   -Como usted diga, agente -le contestó algo sorprendido, Joshua.



   (Autor: Francisco R. Delgado, fragmento de mi novela titulada "PASOS Y SOMBRAS EN LA NOCHE")